Esto lo decía el otro día. La verdad es que esto no es para mí. Los ordenadores siempre serán mi talón de Aquiles. Pero insistiré.
Menos mal que hay un ángel que me cuida y del que tendré que seguir abusando. A todo eso, ya sólo falta una celebración en Canaletas. Se está haciendo largo. Está claro que la crisis no sólo es económica. Una cosa curiosa es que el guión es siempre el mismo, no se admiten variaciones. Los lugares, las consignas, la hora en que aparecen los animales que lo rompen todo, las posteriores declaraciones públicas. Se podría cambiar de sitio (y así repartir un poco las molestias), elaborar consignas más ingeniosas, encerrar a las bestias pardas en la perrera, y los políticos, por qué no, también podrían esforzarse un poco para no repetirse tanto. Además, al parecer los que le lían a romper cristales y demás son los antisistema (?). Cuesta creer que los cristales y los porteros automáticos del Raval sean un símbolo del poder capitalista.
21 de mayo. Un desastre tras otro. Se acerca la finalísima y se me ha estropeado la nevera. Además parece que el niñato de al lado ya está de vacaciones y empieza a poner su música retumbante. De momento en pequeñas dosis, probando. Acabaremos mal.
23 de mayo. Llegar hasta aquí es un lío. No sé qué he hecho, pero aquí estoy. Total para no gran cosa. Será que hay una especie de resistencia a hacer las cosas mecánicamente, sin saber por qué. No sé qué cosas he llegado a hacer para estar ahora escribiendo. Supongo que podría memorizarlas y ya está. Pero no me gusta la idea.
24 de mayo. Aquí estamos. Resulta que tengo claustrofobia. Lo sé hace años, he intentado varias cosas pero al final nada. O desaparece tal como vino o tendré que convivir con ella. Lo que estoy haciendo. La convivencia no es tan difícil, lo difícil es que la gente lo entienda. Tampoco es importantísimo que los demás lo entiendan, pero si sale el tema, se te presenta la ocasión de contarlo y quitártelo un poco de encima, aligerar el equipaje, vamos. Pero cuesta. Creo que cuesta en especial porque es algo raro, que escapa a la comprensión. Si viene alguien y te cuenta un desengaño amoroso, o una enfermedad clásica, por grave que sea, te pones en situación y hasta eres capaz de dar algún consejo o transmitir algo de consuelo. Pero algo que surge sin más y aparentemente no tiene mucho sentido, es como si asustara un poco.
6 de junio. Por fin se han acabado las celebraciones en Canaletas. Lo de este año ha sido especial, por lamentable, triste, preocupante. Nunca ha estado más claro que la sociedad está desnortada. Ya sabíamos que no había esperanza, pero esto ha superado todos los malos augurios.
7 de junio. Elecciones europeas. No votaré. Hay muchas más razones para no votar en general. En particular, porque ni hay NINGÚN partido de izquierda. Sabemos hace tiempo que el nivel de los políticos está bajando, pero no pensaba que fuera en picado. Éstos también han ido más allá de lo peor que se podía esperar de ellos. Una fuerte abstención quizá les hará reflexionar, aunque de hecho creo que ni así. Al fin y al cabo son profesionales. Buscarán justificaciones más o menos peregrinas de la abstención y seguirán como si nada. Al fin y al cabo, esto ya ha pasado.
Algo que sí me gustaría de los partidos es que no tuvieran nombres equívocos. Por ejemplo, partido socialista. Pues lo de socialista fuera, pues este partido no quiere nada parecido al socialismo. Esquerra republicana lo mismo; de esquerra nada. Y así. Al menos los que tienen nombres que los definen de izquierdas. Es faltar al respeto y aprovecharse de la mezcla de ignorancia e ilusión de muchos que aún creen en estos mensajes transformadores pero no se dan cuenta de que son tan sólo consignas electorales.